domingo, julho 8

El Gato que perdió la vida.

Ayer supedité aquello que siempre digo: ''No sé volver a casa''. Y no supe. 

En un principio, subí a mi bienamado Mondeo para dejarlo en el lugar de trabajo de mi padre, o quizás para buscar a Luis, o a Israel. O quizá para poner mi mente al sol. El caso, es que todo desembocó en un paseo muy extraño por zonas que desconocía de mi propia ciudad, teniendo de fondo algún tema del Grupo de Expertos Solynieve. Era un conducir por conducir, naderías automovilísticas que tanto me hacen disfrutar. No estoy seguro, pero quizá fue sobre las 8.00, el momento en el que decidí consumir depósito a cuenta de la autopista, dirección Santander, o Xixón, quién sabe. Terminé en Norteña, buscando el mar, enviándote algún mensaje porque no sé qué sinrazón me hace creer que eres tremendamente interesante. Y qué difícil se me hizo salir de allí.

La puta puerta del garaje que nunca abre a la primera forma parte de mi mitología cotidiana.

A las 5.30 am, Casero, mi coche y yo, salíamos de Nava con cierto miedo a la loada Guardia Civil, cuerpo bien querido estos días en mi país. No sé si es que somos un par de paranoides, pero no me haría gracia perder algunos euros porque un señor de Madrid crea que no soy apto para conducir tras haber bebido algún culín de sidre. Me acaba de salir cierta vena aznariega que rezuma catetismo, pero hay que aceptarse tal y como uno es.

Casero insistía con el tema de Lüger, que nos obligaba a exigir velocidad al coche. A que su motor nos gritara, no sé muy bien si suplicando clemencia o desdén. Optamos por enriquecer a las petroleras, pese a la densa niebla que poblaba la carretera.

Alrededor de las 8.30 am, me encontraba dando vueltas por Xixón. Y como antes dije, qué complicada es esa ciudad, cuando tienes sueño y ninguna gana de volver a tu cama, canción y excusa que siempre emplearé en situaciones como la actual. ¿Cómo saber si alguien te interesa más allá de lo meramente social?, ¿cómo poder expresar algo bonito de una manera tan dubitativa y fría?, quizá tuviera que ver mis furtivas miradas al teléfono, que en alguna ocasión me hicieron salirme del carril. Pero tranquilos, la matinée está para cometer atrocidades al volante a sabiendas de que en toda la Península (me encanta el término 'la Península', como si sólo hubiera una) no hay más que cuatro o quinientos conductores en la misma situación.

Al final logré escapar de Xixón, con ganas de desayunar.

Antes de encontrar a Luis en su calle, en su coche. Antes de que Israel quisiera ir en el Ibiza del primero. Después, justo después de que yo le explicara a Casero que probablemente, una pelea entre Jairo 'El Gordo' y Luis, bueno, Sito, estaría extrañamente igualada. Atropellé a un gatín. Pardo, callejero, probablemente un gato hermoso, como todos los felinos, los primates y las mujeres granaínas. Quizá no tuviera ganas de vivir, eso explicaría que me mirara a los ojos justo antes de lanzarse contra la rueda izquierda delantera del vehículo. Intenté esquivarlo, pasé por encima.

Paré el coche, informé a la policía y me demostraron que el tener humanidad, es una cualidad escasa.

1 comentário:

El Impenitente disse...

Con tanta referencia musical sólo te faltó citar a La Unión (con perdón) y aquello de -sólo en la noche oscura, rugiendo de rabia mi auto, sin dirección por el centro de la ciudad.

Todos los gatos son hermosos. Todos. Mataste un gato hermoso.