A lo largo de los años,
me he visto en la obligación,
de contar a conocidos y extraños,
todas mis haciendas sin alguna oposición.
Sin ser esto un sosaño,
narro con templanza mi aserción,
que una vez salvé a un ruso de una paliza,
que juego con listones de madera maciza,
que me desagrada la mujer rolliza,
que trabajé para el gobierno de Suiza,
que soy un poco enamoradiza,
que adoro dar saltos entre la maleza otoñiza,
y que para escrbir esto, hace falta esnifar mucha tiza.
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